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Escrita en 1944 para el coreógrafo Merce Cunningham, colaborador habitual de John Cage, Four Walls es un ballet que trata de una familia disfuncional, una historia melodramática que incluye hasta un asesinato. Sin embargo, a pesar del dramatismo de la historia, la música es sorprendentemente seca y simple. Mientras que muchos críticos la han relacionado con compositores minimalistas posteriores (Steve Reich, LaMonte Young, Arvo Pärt, Philip Glass), yo creo que la estética es más cercana al ascetismo sonoro de Satie en sus Gymnopédies, por ejemplo. No olvidemos que Cage era un gran admirador del compositor francés, dedicándole tanto piezas musicales ('The first meeting of the Satie society the socie satiety', 'Sports: Swinging, after Satie') como ensayos ('Erik Satie', 1958).
Entonces, ¿a qué se debe la aparente falta de concordancia entre música y texto de Four Walls? El musicólogo Volker Straebel deja abierta la incógnita de si la música acompaña realmente al texto, pero la clave hay que buscarla en las palabras del propio Cage sobre la obra: "it deals with the disturbed mind" ("trata sobre la mente enferma"). Después de que la hija de la familia asesine a su propio prometido, tanto ella como su hermano se vuelven locos, si es que no lo estaban ya. Cabe pensar entonces que la música enfoca la historia desde su punto de vista, a pesar de que haya al menos media docena más de personajes en acción. Y no sólo eso, sino que se narra como recuerdo, con una serenidad heladora. No sorprende saber entonces que el asesinato se produce fuera del escenario, y no forma parte de la acción del baile.
Gracias a la utilización de las teclas blancas del piano exclusivamente, Cage consigue dotar de un tono uniforme y modal a toda la composición. Algunos pasajes (Ier acto: IV) tienen una clara influencia oriental, como mucho de lo que compuso Cage a lo largo de su carrera. La música avanza con repeticiones obsesivas de acordes simples, sobre todo de terceras y cuartas (recordemos la idea de mente enferma), parones bruscos, percusivos (de nuevo la influencia oriental) e incluso silencios prolongados que nos llevan inevitablemente a la omnipresente 4'33'' (http://es.wikipedia.org/wiki/4%E2%80%B233%E2%80%B3). Indicar también que al final del primer acto hay un movimiento sólo para soprano que precede un silencio y uno de los pasajes para piano más inquietantes que recuerdo haber escuchado nunca.
Four Walls, escuchada sin la atención necesaria, puede resultar poco más que ambiental (al igual que pasa con gran parte de la obra de Satie). Cage, más que ningún otro compositor, exige la participación del oyente. Sólo así se entienden sus silencios y sus repeticiones, o los ejercicios que imponía a sus alumnos, como componer piezas utilizando sólo tres notas. Les pedía que se concentrasen en la materia para que olvidasen su cantidad y se centrasen en su calidad. Éste es un ballet que se escucha como se lee la poesía de Emily Dickinson: cuanto mejor lo conoces, más te incomoda y más te fascina. Yo la recomiendo como buen punto para empezar a conocer la obra de Cage, ya que en su forma es más simple que otros trabajos posteriores pero exige una implicación similar.
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