domingo, 30 de marzo de 2008

Dmitri Shostakovich – Cuarteto de Cuerda Nº9 en Mi Mayor OP. 117 (Rubio Quartet)

boomp3.com


Una breve historia para empezar: Shostakovich compuso el cuarteto de cuerda nº 9 en 1961 y se lo dedicó a su mujer Irina. Luego, “en un ataque de saludable autocrítica” lo quemó en el fogón. No terminó la nueva versión hasta 1964, con una pieza muy alejada de su idea original de componer una evocación de la niñez. El propio Shostakovich, tras declarar que era ésta su primera intención, reconoció que al final había salido algo “completamente diferente”.

Tras escuchar este cuarteto, es difícil imaginar algo menos relacionado con la niñez (salvo quizá el tercer movimiento). Su estructura es curiosa, con cinco movimientos que se tocan sin pausa y que se diferencian claramente pero con naturalidad.

1. Moderato con moto: La obra empieza como en mitad de frase, con un motivo central que se irá repitiendo a lo largo del movimiento. Estas combinaciones dan lugar a juegos de equilibrios entre instrumentos, que resultan siempre perfectos. La pieza avanza de forma aparentemente abstracta pero siempre regresando, aunque sea de soslayo, a unas ideas principales. El movimiento acaba de forma tenue, dando paso al -

2. Adagio: Una sección serena, de cambios pausados y acordes bien presentes. Recuerda en algunos pasajes al Sheherezade de Rimsky Korsakoff.

3. Allegretto: Si el primer movimiento era un oleaje, este tercero es un galope. Shostakovich se vuelve italiano por unos momentos, aunque sin perder las relaciones armónicas abstractas del movimiento anterior. Casi todas las partes de acompañamiento se configuran con obstinatos o pizzicatos. El movimiento funciona como diálogo, aunque he de confesar que es el que menos me gusta.

4. Adagio: De pronto, el diálogo se convierte en monólogo, un monólogo inseguro, con el solista repitiendo obsesivamente una melodía que parece interrumpirse. En el minuto 1:35, el monólogo se llena de confianza con el acompañamiento más decidido de los demás instrumentos. Las ideas se concretan y el solo se vuelve más complejo hasta que al final todos vuelven a entrar tímidamente en acción.

5. Allegro: El movimiento comienza de forma enérgica, como si por fin todos se hubieran decidido a participar. El equilibrio entre las partes es mayor, y las ideas exploradas con anterioridad vuelven a aparecer. He leído en alguna parte que en Shostakovich a menudo se oyen resonancias de los klezmer judíos – en ningún movimiento es esta presencia más evidente que en el quinto. Destacar también el clímax y el unísono final.

Este cuarteto funciona como un libro en el que poco a poco se van explicando a través de la acción pequeñas escenas que aparecían con anterioridad y cuya posición global en la obra resultaba enigmática. Hay cuatro movimientos con una relación algo confusa entre sí pero que de pronto cobran sentido en el quinto.

Aunque el noveno cuarteto no sea de los más conocidos de Shostakovich (su antecesor el octavo lo es mucho más, e incluso se interpretó en su funeral), sus cuartetos de cuerda nunca son decepcionantes. Sus equilibrios y relaciones son impecables, y recuerdan al último Beethoven; hay incluso una cualidad espiritual o religiosa o meditativa en algunos pasajes que me recuerdan a Ludwig van. Y hablando de relaciones, ¿a alguien más le recuerdan los últimos fraseos de la pieza a la marcha Radetsky, o he visto demasiadas veces el concierto de Año Nuevo?

¿O lo he visto demasiado resacoso?

Antes de que se me olvide: la interpretación del Rubio Quartet es muy buena. Brilliant, en sus habituales ediciones económicas, sacó los cuartetos completos de Shostakovich muy baratos (no me acuerdo exactamente). Muy limpio todo, muy brillante, muy recomendable.

(Alex Ingrisano)