miércoles, 23 de abril de 2008

Johann Sebastian Bach - Cantata BWV 2 / Ach Gott, vom Himmel sieh darein

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La Cantata BWV 2 es muy melancólica, casi sin ningún rayo de esperanza. Los hombres piden a Dios que nos mire desde el cielo. Se pide con sobriedad, sin pasión; no como un lamento sino con elegancia. Extrañamente elegante, si tenemos en cuenta el dramatismo del texto, escrito por Lutero, quien revolucionó también la escritura de himnos religiosos - pero éste es otro tema. Pieza rara, en definitiva, ya que la formación religiosa de Bach le daba una visión más bien optimista de la relgiosidad que casi no se aprecia aquí.

1. Coro: "Tu palabra se considera falsa / la fé también está extinguida / entre toda la humanidad." El coro funciona a modo de fuga (una voz entra con un tema principal, las siguientes van participando en imitación a la primera; y cuando todas han sido presentadas, la exposición está completa. Si se hace esto en varios tonos, tenemos una fuga). Las voces tienen un aliento largo y poco adornado, con una participación de los soprano muy interesante, ya que planean a lo largo del movimiento dándole una cualidad muy etérea.

2. Recitativo: Para tenor y continuo, la desnudez de este movimiento nos evoca la soledad del hombre religioso que se enfrenta a un mundo lleno de gente... gilipollas, vamos ("Unos eligen esto, otros lo otro / y la razón atontada es su compás"). Repitiendo motivos del primer coro, Bach nos introduce en un momento que da hasta miedo por la desesperanza y la incomprensión que emanan de este recitativo.

3. Aria: Un florido obligato del violín acompaña el aria de la soprano mientras dice lindezas del tipo: "Oh Dios, elimina las enseñanzas / que pervierten nuestro mundo" (y encima en alemán). He leído que este contraste viene por el trasfondo esencialmente benigno de la enseñanza religiosa de Bach. Yo sólo digo: los caminos de Bach son inescrutables.

4. Recitativo: El segundo recitativo es como una variación del coral con menos elementos, especialmente de su línea de bajo y melodía.

5. Aria: Recuerda al coro en cuanto a la simplicidad, aunque quizás sea más fluido.

6: Coro: Todas las voces participan simultáneamente en este breve canto, con variaciones mínimas. Pedimos que Dios nos mantenga puros y obedientes frente a los apóstatas que nos rodean. El texto no nos da indicaciones de que será así, pero la música, brillante y clara, sí ofrece algo de esperanza. Eso sí, menos de la que Bach nos tiene acostumbrados.


Como curiosidad, decir que la pieza no tiene parte solista de soprano, al igual que todas las que escribió Bach en 1724. Se rumorea que el niño soprano con el que él trabajaba estuvo enfermo en esta época, o incluso suspendido por causas desconocidas. Puede que el desánimo por la ausencia del niño se deje ver en esta melancólica cantata. Paula Cifuentes: si lees este blog, puedes utilizar la historia como argumento de tu próxima novela.

domingo, 13 de abril de 2008

Guisepe Tartini - Sonata Trino Del Diablo (Vanessa Mae)

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Si hay alguna pieza para violín comparable en dificultad a los conciertos para piano de Rachmaninov, es el Trino del Diablo. Muy pocos violinistas, incluso de nuestros días, se atreven a interpretar esta sonata barroca.

La historia de esta sonata empieza con un sueño. Tartini contaba que el mismo Diablo se le había aparecido en sueños, pidiéndole ser su aprendiz. Y al final de su lección, Tartini le dejo su violín para ver cuanto había aprendido. Lo que el compositor italiano escucho lo dejo sin aliento. El diablo tocaba con tal virtuosidad que, al despertar, Guiseppe corrió a intentar dejar por escrito lo que el diablo le había mostrado. En palabras del autor: “Mi obra es tan inferior que si hubiese podido escribir lo que oí aquella noche, hubiese roto mi violín y dejado la música para siempre”

Trino del Diablo se divide en tres movimientos.
1. Larghetto, Ma Non Troppo. El violín hace una dulce entrada, con suaves tonos, para ir subiendo en un crescendo melancólico. Sus notas son largas y graves. Aunque será acompañado durante los tres minutos por un sutil clave, este se mantendrá en un discreto segundo plano. Cae en silencio a los treinta segundos. El publico esta expectante. Retoma su ligero canto. De repente, el violín despierta de su tristeza al minuto y quince. Dos compases de tonos más agudos, más encendidos, que se apagan veloces, para regresar al tono grave y serio del principio. Y aunque las ultimas notas lucen y parecen intentar vencer a los oscuros dos minutos y medio que las preceden, se apagan velozmente.

2. Allegro Moderato. Cambio de tono. Un violín trepidante, como el tono de una caballería que ataca, arranca este movimiento. El segundo es el movimiento más difícil de los tres, con el trillo dominándolo por completo. El clave aparece y desaparece, junto con el resto del acompañamiento grave. Y aunque pueda parecer que también lo acompaña un segundo violín, aquí radica la belleza del Trino del Diablo. La doble pausa es el sello inconfundible de esta sonata, exigiendo que el solista toque dos notas a la vez. Quizás de aquí surgió la leyenda de los seis dedos en la mano izquierda de Tartini. El más corto de los tres movimientos.

3. Grave - Allegro Assai - Grave - Allegro Assai - Grave - Allegro Assai - Cadenza - Andante – Largo. El tercer movimiento comienza lleno de ironía. Tartini nos transporta durante poco más de un minuto, a lo sagrado de una iglesia. El órgano le ordena silencio al violín, para pasar de ser el acompañamiento al instrumento principal. La idea de que el Diablo escribiese una pieza tan sacra no deja de tener su gracia. El Allegro Assai es quizás la parte mas conocida del Trino. Comienza un tono alocado durante casi un minuto, volviendo a exigir la partitura el trillo con doble pausa. Pero el órgano, que ha conseguido soportar la carrera, vuelve a hacer preso al violín al acabar la segunda parte y reitera su presencia con tonos graves. El Grave y Assai se confunden, se mezclan, se pelean, recordando a las estaciones de Vivaldi, hasta casi alcanzar los cinco minutos. La Cadenza muestra la virtuosidad del violinista, y sin llegar a durar un minuto, es errática, aguda, violenta. Y con un Andante mas relajado, Tartini alcanza un clímax en la forma de un Largo con las notas del primer movimiento, como recordándonos que todo, aunque acabe, es el principio de otra cosa.

sábado, 12 de abril de 2008

Johann Sebastian Bach - Cantata BWV 1 / Wie schön leuchtet der Morgenstern (Netherlands Bach Collegium)

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Bach es preciso. Su música combina capas de elementos de la forma más perfecta concebible. Hay una escena en la excelente película 'El silencio antes de Bach' que muestra este juego de combinaciones muy bien, gracias a una pianola. Muy visualmente se nos muestra como un sonido participa de pronto en el conjunto, dice algo breve, exacto, y desaparece. Desgraciadamente, no encuentro la escena en youtube, así que ya sabéis: todos a ver 'El silencio antes de Bach'.

La BWV1 es una celebración de la Anunciación en 6 movimientos. Y no hay palabra mejor para describirla que la de celebración. Resulta interesante contraponer los himnos religiosos de Bach (protestante) con los de Beethoven (panteísta). Mientras que en el primero se ve un canto desde la humanidad hacia lo divino, el segundo parte desde lo sublime e intenta expresarlo con música. Los humanos somos una parte más de la creación. Con Bach, la música es un rezo, una alabanza, y sin hombres no hace falta música. Sus obras son un asunto, pues, muy humano.

1. Coro: en seguida se hace patente esta cualidad. El primer movimiento es un canto común de gracias, con las sopranos como protagonistas y las demás voces jugando a su alrededor. Los instrumentos están al mismo nivel que las voces, y hablan de lo mismo y de la misma forma.

2. Recitativo: Brevísimo, con el tenor acabando en suspenso y dejándonos pensando en el tiempo de forma rara, escurridiza, enigmática.

3. Aria: Aparte del bajo, que hace las veces de acompañamiento, el tercer movimiento es una interactuación entre la soprano y el oboe da caccia. Personalmente, es el movimiento que más me gusta. Dice: "las almas aquí perciben los más fuertes sentimientos / del más apasionado amor / y saborean en la tierra la felicidad celestial". A eso, ¿qué tengo yo que añadir?

4. Recitativo: Llega el comtrapunto masculino a lo escuchado en el anterior movimiento, más sobrio ("ninguna luz carnal puede mover mi alma"). Otra vez el tiempo de los intérpretes masculinos es más breve, menos representativo de esta cantata, quizás. Es tan alegre y ligera...

5. Aria: Más instrumentación, menos predominancia de la voz (tenor). En mi grabación al menos, es la interpretación que menos me gusta. Puede ser por una cuestión de tesitura, pero creo que es sorprendentemente inconcreta para ser de Bach. En otro compositor puede que no me disgustara nada, pero estando rodeada de lo que está, pues me molesta un pelín. De todas formas, tendré que escuchar otra interpretación.

6. Coral: Vuelta a los cantos comunes del primer movimiento, otro ejemplo de coordinación y síntesis. Muy breve, pero no hace falta más para poner el punto y final.

jueves, 10 de abril de 2008

Franz Schubert – Quinteto D.956 (Bernard Greenhouse / Julliard String Quartet)

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Más música de cámara. Schubert compuso el quinteto D.956 (La D es por Otto Erich Deutsch, quien catalogó todas las composiciones del compositor) dos meses antes de morir. La decisión de utilizar dos cellos en detrimento de la segunda viola (Boccherini es otro compositor que hizo lo mismo) confiere a la obra una cualidad más grave, nocturna, misteriosa. Esto es el siglo XIX, cuando las levitas y los bigotes poblaban Europa.

Este quinteto está inspirado en el tercer quinteto para cuerda de Mozart. Los cambios y la irregularidad recuerdan mucho. Brahms, a su vez, se basó en la pieza de Schubert para componer su propio quinteto en Do menor/mayor. Por pasos:

1. Allegro ma non troppo: El primer movimiento, el más largo de los cuatro, comienza, tras una breve introducción, de forma atropellada – todo ello suficientemente dramático. A los dos minutos, una melodía inmediatamente reconocible que se sostiene con un acompañamiento de un número muy limitado de notas. Lo reiterativo juega aquí de forma interesante con las líneas melódicas principales; ideas que se van desdoblando y reapareciendo. Es difícil definir el sentimiento general de este movimiento: cambia constantemente, es casi diletante, pero nunca incoherente, gracias en parte a los acompañamientos antes mencionados. Este movimiento (toda la composición en general) no explora todo el espacio que ofrece un quinteto, sino que se decide por una linealidad que permite unos juegos más basados en la melodía que en las relaciones entre voces.

2. Adagio: El famoso segundo movimiento comienza con una tranquilidad nocturna, rota a los cuatro minutos y pico por una zona oscura (y otra vez reiterativa) interpretada por el cello, mientras que el violín acompaña con una melodía preciosa. La sección siguiente es donde Schubert más extensamente explota las posibilidades de las cinco voces, que poco a poco se van desmembrando hasta crear una escena más íntima. Muy desconcertante ese principio y final rotos por una parte central lóbrega, casi hostil.

3. Scherzo. Presto – Trio. Andante sostenuto: De nuevo, como en el primer movimiento, sentimientos variados en motivos musicales que se repiten. Es un movimiento muy excéntrico, y las repeticiones me recuerdan a veces a las que introduce caprichosamente Erik Satie.

4. Allegretto: Y después de toda esa gravedad romántica con toques de delirio, llega Schubert y planta un bailable allegreto al final de la composición. Tantos cambios de humor marean, aunque son típicos de Schubert. Y para cerrar, una disonancia y un cierre dramático que en unos segundos parece negar los nueve minutos anteriores.

El otro día hablaba mi amiga Ramachandran, que es una ameba (¿las amebas tienen sexo?), sobre lo prolífico que fue Schubert. Morir a los 31 años y haber compuesto unas mil piezas no está mal. ¿Cómo se nota esta actividad a la hora de componer? En este quinteto al menos, se observa una inquietud enorme, con saltos entre ideas, hiperactividad; controlada, eso sí, por el talento. El esfuerzo que hay que hacer como oyente no es pequeño, esta obra parece más simple de lo que es en realidad. Uno corre el riesgo de escucharla y quedarse con ciertas secciones solamente, cuando creo que lo realmente interesante es ver cómo se acaba hilvanando todo. No se queden en la unidad. Ramachandran, la ameba, estará de acuerdo.

martes, 8 de abril de 2008

Ballet de Maurice Béjart, Le sacre du Printemps

Aunque ni Álex Ingrisano ni yo tenemos ni idea de ballet, yo conozco un montaje de ballet que es de los pocos que no me parecen una mariconada (admitámoslo) y es precisamente un montaje de Le sacre du Printemps. Danza contemporánea pero muy comprensible, porque la contundencia de Stravinsky es absoluta, inmaquillable. Esto emociona, evita que tengas que estar mirando al escenario o la pantalla y preguntándote: ¿por qué tienen espasmos? ¿Por qué se echan aceite por encima? En este ballet, las explicaciones de Álex toman cuerpo. La primavera, en tanto que explosión de vida y de sexo, es una explosión de violencia. Los bailarines nacen siendo flores en el primer movimiento, se convierten en criaturas del bosque, luchan, disputan ebrios y excitados no se sabe qué cáliz invisible. Más adelante... Pero qué voy a decir. La apoteosis no debe ser molestada por las palabras.
Disfrutadlo, porque están en youtube, lo que está en youtube está siempre con nosotros.

"Un ballet de Maurice Béjart creado en 1959. La grabación es de 1970. Bailarines principales: Tania Bari y Germinal Casado"







Igor Stravinsky - Le Sacre du Printemps

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Aquellos de vosotros que pensabais que Frank Zappa es de otro planeta, tenéis razón. Es del mismo planeta que Igor Stravinsky (y que Edgar Varése, que ya aparecerá aquí en el futuro). Escuchad la Consagración de la Primavera primero y Hot Rats después, y negádmelo.

La Consagración de la Primavera: el día que fue estrenada esta obra bla bla bla… Si queréis saber que pasó, buscad cualquier mínimo comentario en cualquier parte. A todos nos encantan los conciertos que acaban en destrucción del mobiliario urbano. Aquí pasamos a lo importante, que son las jovencitas paganas.

La obra se divide en dos – Adoración de la tierra (parte diurna) y Sacrificio (nocturna). Ah, y es un ballet, pero aquí sólo hablamos de música porque de ballet no sabemos nada en absoluto. Antes de que empecéis, quiero avisar de que escuchar esta obra con atención durante la media hora que dura es un esfuerzo bastante extenuante. Stravinsky dice que acabó agotado sólo de componerla, y con dolor de muelas. Ahora veremos por qué:

Primera Parte: Adoración de la Tierra.

1. Introducción: El fagot despierta a la naturaleza. Nos sentimos pequeños y da un poco de miedo. Se oyen momentos de urgencia, como de bestialidad, pero pasan rápidamente. Muy bello y muy inquietante.

2. Augurios Primaverales / Danza de las Jóvenes: En los augurios primaverales lo bello es más bello y lo inquietante es más inquietante. Las jóvenes empiezan a bailar y el público se empieza a cabrear – no hay ninguna variación, sino que las ideas avanzan con un ritmo (literalmente, lo de ritmo) que ni los Blues Brothers, si hubieran nacido.

3. Ritual del Rapto: Algún guarrete rapta a una de las doncellas. Se desincronizan las voces orquestales, y toda la sección se oye como un enorme y desordenado clímax de casi minuto y medio.

4. Rondas Primaverales: Hay algo de oriental aquí. Raro para la época, pero al menos la cosa empieza con sus variaciones, muy agradable, hasta que, utilizando las mismas ideas, la orquesta se desboca y en vez de conversar con esas mismas ideas, las gritan y las desfiguran. Coge un cuadro, agítalo e intenta ver lo que hay. Así son las rondas primaverales.

5. Ritual de las Tribus Rivales: Entramos en una espiral de paganismo y brutalidad. No quiero ni pensar en lo que le están haciendo a la chica raptada. Si embargo, Stravinsky intercala en la narración (¿he dicho narración?) unos pasajes que evocan la naturaleza, como diciendo: “son bárbaros, sí, se van a comer la sangre de la niña a cucharadas, pero están más en comunión con la naturaleza que el tío del anuncio de pasta que dice que la playa es su terraza”. Como en las buenas historias, el malo es muy malo, pero nos mola. Destacar también la percusión en algunas secciones.

6. Danza de la Tierra: La parte más Zappa, con esas notas a contratiempo que evocan meneos espasmódicos, o una pulsación de humanos que intentan seguir las cadencias de la tierra con torpeza.

Segunda Parte: El Sacrificio.

7. Introducción: Llega la noche y los acordes se llenan. Stravinsky nos regala un interludio más tranquilo, donde los instrumentos de viento acompañan a los de cuerda. Sigue siendo ominoso, pero respiramos de nuevo.

8. Círculos Místicos de las Jóvenes: La cosa empieza con un juego que identificamos ya bien – una melodía serena y un acompañamiento (esta vez de cuerda) desfigurado. Pasamos a los bailes de los círculos místicos, que suenan a eso, a movimientos juguetones e incorpóreos, al contrario que las danzas (2), donde las personas sí estaban presentes. Al final, pero sin avisar, un nuevo clímax, el más violento hasta ahora.

9. Glorificación de la Elegida: Leí una vez que la primera música que escuchó Stravinsky fue una banda de pífano y tambor, parecidas a las bandas tirolesas o nuestras infalibles bandas municipales, con esas tubas que acompañan sin parar. La elegida, glorificada en esta sección, debe de ser una rolliza joven de las estepas rusas a juzgar por la sección de viento que aparece aquí. No nos debe sorprender que Stravinsky juegue con esos intervalos que identifica con su infancia, dada la naturaleza de la Consagración; de su anhelo de la vuelta a las raíces. El ruso ha decidido despojarse de todo, volviendo más y más atrás de una forma – a nadie se le escapa – muy ritual.

10. Evocación de los Antepasados: Tanto retrocede Stravinsky que evoca a los antepasados, que entran lenta, pesadamente al baile.

11. Acción Ritual de los Antepasados: Síntesis de las dos secciones anteriores.

12. Danza Sagrada: Juegos de ritmo repetitivos y machacones intercalados con explosiones de algo que no es melódico. Si quedaba algún oyente de 1913, ya se habrá marchado o habrá sufrido un ataque al corazón. Stravinsky deja lo más dramático para el final, donde todo funciona con una extraña y frágil precisión. Al final, no sabría decir cómo se resuelve la acción – parece que al final Stravinsky nos aparta de ella, dejando entrever que se repetirá para siempre durante todas las primaveras, nos quedemos allí para oírlo o no.