martes, 6 de mayo de 2008

Igor Stravinsky - Montajes de Le sacre du printemps (2ª Parte)

De las otras versiones que he podido conseguir alguna imagen o material son interesantes la de Lester Horton de 1937 protagonizada por Bella Lewitzky y la de Mary Wigman estrenada en Berlín en 1957. El montaje de Horton tiene en su base las danzas de nativos americanos, muy propio de la sensibilidad primitivista del momento y que ya se pudo ver en la versión de Massini (1920/1930). El baile de esta coreografía tiene muchas semejanzas con el de Nijinsky porque se pueden apreciar movimientos muy forzados, buscando la distorsión de las líneas naturales del cuerpo. Además en las dos producciones se da mucha importancia al sacrificio de la virgen, de modo que de alguna forma se podría ver tanto en Horton como en Wigman unos antecedentes de la coreografía de Béjart dado el carácter erótico implícito en el sacrificio.

En Le sacre du printemps de Maurice Béjart se puede considerar que el eroticismo es una pieza clave; de hecho Béjart presentó la obra como "Himno a la unión del hombre y la mujer". En el ballet de Béjart, a diferencia del de Nijinsky, las dos divisiones principales "El beso de la tierra" y "El sacrificio" son interpretadas respectivamente únicamente por un bailarín masculino y femenino respectivamente y se omite el sacrificio mismo a favor de un coito ceremonial. Es sorprendente ver lo explícito que se hacen los movimientos de las bailarinas en grupo: mujeres tumbadas hacia arriba, levantando las pelvis como capullos que están a punto de brotar, tal como quería Béjart. Y claro, el montaje escandalizó como el de Nijinsky, al menos en Bélgica donde fue estrenada: los movimientos eran obscenos, pero hubo quienes en los trajes vieron también gran impudicia: acentuaban cada pliegue y forma del cuerpo, esos trajes resaltaban más la desnudez que si fueran desnudos.

Y aunque no quería excederme demasiado, querría decir dos cosas sobre otros montajes. Sobre todo porque lo que resulta más interesante de una obra son las distintas interpretaciones que hay de la misma. Una gran obra se hace de sus variaciones y yo quería hacer mención a algunas de estas variaciones que han decidido dejar de lado una parte fundamental de la obra de Stravinsky: la dimensión ritual. Estas versiones se han considerado "anti-rito". éste es el caso de Paul Taylor o Vladimir Vasiliev y Natalia Kasatkina con el Ballet de Bolshoi. Esta última fue utilizada como propaganda soviética para celebrar el ateismo de estado; básicamente la trama se altera de forma que Le Sacre se convierte en una historia de amor, en la que el chico acaba matando a los dioses totémicos, los pérfidos señores a los que había que terminar derrocando. Taylor acabó haciendo una versión en 1980 con el titulo The Rehearsal; uso la versión a cuatro manos de Stravinsky e incluyendo una trama detectivesca en la que acaban muriendo hasta el apuntado. Lo interesante es que renuncia a toda universalización ─ todo lo contrario que Nijinsky ─ tomando imágenes de películas de serie b de gánsters y localizando la acción para el espectador norteamericano. Aquí el sacrificio es sustituido por el asesinato, la destrucción de la sociedad moderna: lo que Freud llamaria la desgana de la cultura.

Por último, para cerrar el círculo y acercarnos más a los orígenes ─ si es que eso tiene algún valor ─ destacar el ballet de Richard Alston de 1981. Esta producción fue aconsejada por Marie Rambert, bailarina colaboradora en el ballet de 1913. Es una producción muy distinta frente otras. Destaca su número reducido de bailarines ─ todo lo contrario que en Béjart que combinó tres compañias ─ ; sin embargo, Alston como buen coreógrafo posmoderno inglés no renunció al juego, pero tampoco al rito.

Y tal vez, la coreografía de Marta Graham estrenada en 1983 cuando ella contaba 89 años es un buen punto para terminar. Su interpretación del ballet ha sido muy controvertida por el gran protagonismo que le da a la joven elegida para el sacrificio. Sin embargo, su versión parece estar muy cerca del espíritu primigenio de Le sacre. El baile es muy rígido, angular y violento, con un punto masoquista nada disimulado que pone en juego las pasiones del inconsciente. Los movimientos se expanden y contraen sobre le centro pélvico: se anclan directamente en la tierra. El repertorio de Graham esta repleto de connotaciones sexuales y conflictos, identificados con el dilema de la protagonista. Aunque no tan compleja como la original, va al corazón de Le Sacre, sin embargo parece que llegó tarde para un público que de nada se podía ya sorprender.

Tengo especial interés en seguir conociendo el resto de montajes; especialmente el de Pina Bausch. Pero eso será otro día.

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