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Escrita para ser representada el segundo domingo después de la Epifanía, la cantata 3 juega a mezclar aspectos religiosos tristes (el sufrimiento hasta alcanzar la salvación) con alegres (alcanzar la salvación). Así, queda como una pieza contemplativa, que parece escrita desde un lugar alejado de los hechos que describe. Mientras que uno suele participar de lo que dicen los intérpretes en las cantatas de Bach, en esta se percibe más descriptividad que participación. Como rareza, decir que aquí Bach se dedicó a subrayar las palabras importantes del texto con notas sostenidas (llamadas Kreuz en alemán), sobre todo cada vez que se dice la palabra cruz (que también se dice kreuz). Qué jueguecitos se traían en el XVIII.
1. Coro: El movimiento se estructura con un ritornello de partes solapadas cantadas por el alto, tenor y soprano. Mientras, los bajos acompañan con notas largas. Los oboes, su forma de interactuar, dan un ambiente sereno al movimiento. De esta forma, el dolor de la existencia que describe nos llega de forma casi resignada, como si esta vez fuera un místico quien nos canta, y no uno de nosotros, como es más habitual en Bach.
2. Coral: Se trata de un segmento que deja una sensación rítmica muy extraña. El coro da una especie de titular para cada sección y los solistas cantan por turnos. La voces ganan mucho peso frente a la música, lo que hace que quede como una conversación que oímos casi desde fuera.
3. Aria: Para contínuo (que crea un ambiente melancólico), y bajo, la voz es más melódica que en el movimiento anterior. Se habla del sufrimiento, pero también se dice que la simple mención del nombre de Jesucristo trae alegría. A pesar de esto, queda ante todo esa melancolía, como si el narrador aún no hubiera pronunciado la palabra que le traerá consuelo. Es un movimiento muy íntimo, que choca tras el anterior; parece que Bach quisiera hablarnos de un mismo tema (la salvación) en ámbitos diferentes.
4. Recitativo: Es una continuación del movimiento anterior, ya que mantiene el uso del continuo y el tono melancólico, esta vez con tenor. Eso sí, la tonalidad varía del Fa sostenido menor anterior a Mi, dando paso de forma más natural al siguiente movimiento.
5. Dueto: Entre soprano y alto. Se pierde casi por completo el tono anterior en favor de un canto sobre todo de esperanza ("Jesuscristo me ayuda a llevar mi cruz / por lo que diré con fe: / todo saldrá bien"). William Gillies Whittaker, uno de los grandes especialistas de Bach en el mundo, dice que éste es el mejor dueto de todas las cantatas, así que, ¿qué voy a decir yo? Os lo dejo arriba para que escuchéis vosotros.
6. Coral: La conclusión, brevísima, enlaza con el primer coral, ya que recoge todo lo dicho anteriormente y presenta una síntesis llena de alegría y solemnidad. Puede sorprender su monumentalidad después del intimismo que ha llegado a alcanzar en otros movimientos, pero es la conclusión lógica hacia la que avanzaba la cantata. Es decir, narrativamente tiene mucho sentido, ya que comienza con la desesperanza y acaba con el consuelo de la salvación, diciendo en los versos finales: "Jesús, mi consuelo, escucha mi deseo / Oh, mi Salvador, si sólo estuviera contigo...".
A eso le llamo yo un final abierto.
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