Si hay alguna pieza para violín comparable en dificultad a los conciertos para piano de Rachmaninov, es el Trino del Diablo. Muy pocos violinistas, incluso de nuestros días, se atreven a interpretar esta sonata barroca.
La historia de esta sonata empieza con un sueño. Tartini contaba que el mismo Diablo se le había aparecido en sueños, pidiéndole ser su aprendiz. Y al final de su lección, Tartini le dejo su violín para ver cuanto había aprendido. Lo que el compositor italiano escucho lo dejo sin aliento. El diablo tocaba con tal virtuosidad que, al despertar, Guiseppe corrió a intentar dejar por escrito lo que el diablo le había mostrado. En palabras del autor: “Mi obra es tan inferior que si hubiese podido escribir lo que oí aquella noche, hubiese roto mi violín y dejado la música para siempre”
Trino del Diablo se divide en tres movimientos.
1. Larghetto, Ma Non Troppo. El violín hace una dulce entrada, con suaves tonos, para ir subiendo en un crescendo melancólico. Sus notas son largas y graves. Aunque será acompañado durante los tres minutos por un sutil clave, este se mantendrá en un discreto segundo plano. Cae en silencio a los treinta segundos. El publico esta expectante. Retoma su ligero canto. De repente, el violín despierta de su tristeza al minuto y quince. Dos compases de tonos más agudos, más encendidos, que se apagan veloces, para regresar al tono grave y serio del principio. Y aunque las ultimas notas lucen y parecen intentar vencer a los oscuros dos minutos y medio que las preceden, se apagan velozmente.
2. Allegro Moderato. Cambio de tono. Un violín trepidante, como el tono de una caballería que ataca, arranca este movimiento. El segundo es el movimiento más difícil de los tres, con el trillo dominándolo por completo. El clave aparece y desaparece, junto con el resto del acompañamiento grave. Y aunque pueda parecer que también lo acompaña un segundo violín, aquí radica la belleza del Trino del Diablo. La doble pausa es el sello inconfundible de esta sonata, exigiendo que el solista toque dos notas a la vez. Quizás de aquí surgió la leyenda de los seis dedos en la mano izquierda de Tartini. El más corto de los tres movimientos.
3. Grave - Allegro Assai - Grave - Allegro Assai - Grave - Allegro Assai - Cadenza - Andante – Largo. El tercer movimiento comienza lleno de ironía. Tartini nos transporta durante poco más de un minuto, a lo sagrado de una iglesia. El órgano le ordena silencio al violín, para pasar de ser el acompañamiento al instrumento principal. La idea de que el Diablo escribiese una pieza tan sacra no deja de tener su gracia. El Allegro Assai es quizás la parte mas conocida del Trino. Comienza un tono alocado durante casi un minuto, volviendo a exigir la partitura el trillo con doble pausa. Pero el órgano, que ha conseguido soportar la carrera, vuelve a hacer preso al violín al acabar la segunda parte y reitera su presencia con tonos graves. El Grave y Assai se confunden, se mezclan, se pelean, recordando a las estaciones de Vivaldi, hasta casi alcanzar los cinco minutos. La Cadenza muestra la virtuosidad del violinista, y sin llegar a durar un minuto, es errática, aguda, violenta. Y con un Andante mas relajado, Tartini alcanza un clímax en la forma de un Largo con las notas del primer movimiento, como recordándonos que todo, aunque acabe, es el principio de otra cosa.
La historia de esta sonata empieza con un sueño. Tartini contaba que el mismo Diablo se le había aparecido en sueños, pidiéndole ser su aprendiz. Y al final de su lección, Tartini le dejo su violín para ver cuanto había aprendido. Lo que el compositor italiano escucho lo dejo sin aliento. El diablo tocaba con tal virtuosidad que, al despertar, Guiseppe corrió a intentar dejar por escrito lo que el diablo le había mostrado. En palabras del autor: “Mi obra es tan inferior que si hubiese podido escribir lo que oí aquella noche, hubiese roto mi violín y dejado la música para siempre”
Trino del Diablo se divide en tres movimientos.
1. Larghetto, Ma Non Troppo. El violín hace una dulce entrada, con suaves tonos, para ir subiendo en un crescendo melancólico. Sus notas son largas y graves. Aunque será acompañado durante los tres minutos por un sutil clave, este se mantendrá en un discreto segundo plano. Cae en silencio a los treinta segundos. El publico esta expectante. Retoma su ligero canto. De repente, el violín despierta de su tristeza al minuto y quince. Dos compases de tonos más agudos, más encendidos, que se apagan veloces, para regresar al tono grave y serio del principio. Y aunque las ultimas notas lucen y parecen intentar vencer a los oscuros dos minutos y medio que las preceden, se apagan velozmente.
2. Allegro Moderato. Cambio de tono. Un violín trepidante, como el tono de una caballería que ataca, arranca este movimiento. El segundo es el movimiento más difícil de los tres, con el trillo dominándolo por completo. El clave aparece y desaparece, junto con el resto del acompañamiento grave. Y aunque pueda parecer que también lo acompaña un segundo violín, aquí radica la belleza del Trino del Diablo. La doble pausa es el sello inconfundible de esta sonata, exigiendo que el solista toque dos notas a la vez. Quizás de aquí surgió la leyenda de los seis dedos en la mano izquierda de Tartini. El más corto de los tres movimientos.
3. Grave - Allegro Assai - Grave - Allegro Assai - Grave - Allegro Assai - Cadenza - Andante – Largo. El tercer movimiento comienza lleno de ironía. Tartini nos transporta durante poco más de un minuto, a lo sagrado de una iglesia. El órgano le ordena silencio al violín, para pasar de ser el acompañamiento al instrumento principal. La idea de que el Diablo escribiese una pieza tan sacra no deja de tener su gracia. El Allegro Assai es quizás la parte mas conocida del Trino. Comienza un tono alocado durante casi un minuto, volviendo a exigir la partitura el trillo con doble pausa. Pero el órgano, que ha conseguido soportar la carrera, vuelve a hacer preso al violín al acabar la segunda parte y reitera su presencia con tonos graves. El Grave y Assai se confunden, se mezclan, se pelean, recordando a las estaciones de Vivaldi, hasta casi alcanzar los cinco minutos. La Cadenza muestra la virtuosidad del violinista, y sin llegar a durar un minuto, es errática, aguda, violenta. Y con un Andante mas relajado, Tartini alcanza un clímax en la forma de un Largo con las notas del primer movimiento, como recordándonos que todo, aunque acabe, es el principio de otra cosa.
1 comentario:
Pues me has descubierto esta pieza, el primer movimiento que has puesto me encanta. A ver si la compro para esucharla entera.
Chapeau.
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